[...] pero aunque no sabía por qué, allí se dirigía de nuevo.
Durante el camino se replanteó varias veces echarse atrás, volver a olvidar. Pero aquel día los recuerdos inundaban su cabeza de manera desorbitada, necesitaba volver a aquel lugar, necesitaba contemplar el paisaje donde un día, con los ojos empapados, observó cómo se terminaba aquella historia que tanto había amado.
Conforme se iba acercando empezó a notar que las piernas le flojeaban, que los nervios iban invadiendo cada poro de su piel haciéndole temblar, pero sabía que debía seguir adelante para poder enterrar por fin lo que llevaba dolíéndole durante tanto tiempo.
Él no se merecía poder gozar de su presencia de nuevo, él no se merecía poder observar su respiración otra vez, él no se merecía poder sentir su calor cerca, simplemente, él no se merecía nada que tuviese que ver con ella.
Llegó pronto. Se sentó en el frío banco, agachó la cabeza y suspiró. Necesitaba relajarse de alguna manera y, aunque un cigarrillo hubiese aliviado parte de su mal, su nuevo yo interno supo controlar la situación y saber que aquello no hubiese sido solución alguna, cuando, de repente, le vio venir, seguía reconociendo su manera de andar desde lejos, e incluso creo que seguía percibiendo su olor como si estuviese allí mismo, a su lado. Él la miró, su corazón empezó a palpitar como si se le fuese a escapar del pecho, era la primera vez que lo iba a ver de cerca desde que todo terminó.
Ella seguía con las palabras en la cabeza, no quería que las emociones le impidiesen decir lo que llevaba tanto tiempo esperando...[...]

No hay comentarios:
Publicar un comentario